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lunes, 4 de noviembre de 2013

Las palabras- Gianni Rodari


Tenemos palabras para vender,
Palabras para comprar,
Palabras para hacer palabras.
Busquemos juntos palabras para pensar.
Tenemos palabras para fingir,
Palabras para lastimar,
Palabras para hacer cosquillas.
Busquemos juntos palabras para amar.
Tenemos palabras para llorar,
Palabras para callar,
Palabras para hacer ruido.
Busquemos juntos palabras para hablar.

viernes, 25 de octubre de 2013

Lunalera

sábado, 28 de septiembre de 2013

Secretos sobre el color del amor- Marcela Sabio

El color del amor, seguro, es verde
porque se brinda, se brinda, y nunca se pierde.
El color del amor, seguro, es azul
un agujerito en el techo del mundo
por donde el sol cuela su luz.
El color del amor, seguro, es castaño
con gustito a chocolate y a nuez todo el año.
El color del amor, seguro, es amarillo
de ojas de otoño, de soles girando en la tierra
de cantos y saltos en ronda de grillos.
El color del amor, seguro, es rojo mermelada
dulce con medialuna en las mañanas o
sonrisa de ceibo temblando en la mirada.

Amor en la biblioteca- Liliana Cinnetto


Cuentan que cuentan que había
una vez una princesa
que vivía en un estante
de una vieja biblioteca.

Su casa era un cuento de hadas,
que casi nadie leía,
estaba entre un diccionario
y un libro de poesías. 

Solamente algunos chicos
acariciaban sus páginas
y visitaban a veces
su palacio de palabras. 

Desde la torre más alta,
suspiraba la princesa.
Lágrimas de tinta negra
deletreaban su tristeza. 

Es que ella estaba aburrida
de vivir la misma historia
que de tanto repetir
se sabía de memoria:
una bruja la hechizaba
por envidiar su belleza
y el prícincipe la salvaba
para casarse con ella. 

Cuentan que cuentan que un día,
justo en el último estante,
alguien encontró otro libro
que no había visto antes. 

Al abrir con suavidad,
sus hojas amarillentas
salió un capitán pirata
que estaba en esa novela.
 
Asomada entre las páginas
la princesa lo miraba.
Él dibujó un sonrisa
sólo para saludarla. 

Y tarareó la canción
que el mar le canta a la luna
y le regaló un collar
hecho de algas y espuma. 

Sentado sobre un renglón,
el pirata, cada noche,
la esperaba en una esquina
del capítulo catorce. 

Y la princesa subía
una escalera de sílabas
para encontrar al pirata
en la última repisa. 

Así se quedaban juntos
hasta que salía el sol,
oyendo el murmullo tibio
del mar, en un caracol.

Cuentan que cuentan que en mayo
los dos se fueron un día
y dejaron en sus libros
varias páginas vacías. 

Los personajes del libro
ofendidos protestaban:
"Las princesas de los cuentos
no se van con los piratas".

Pero ellos ya estaban lejos,
muy lejos, en alta mar
y escribían otra historia
conjugando el verbo amar.

El pirata y la princesa
aferrada al brazo de él
navegan por siete mares
en un barco de papel.

Para adoptar un hada-Cecilia Pisos

Atentas a cuando abres,
 la página en que aparecen, 
hacen maldades y trucos 
y después se desvanecen.

 Brujas que están bien cansadas 
de niñitos indefensos
 y de princesas rosadas
 y de reyes en sus reinos.

 Hartas de hacer sus hechizos 
con sapos asquerosientos, 
de arruinar todas las frutas 
con feos encantamientos. 

         No soportan a los gatos
 les da vértigo la escoba 
quieren quitarse los granos
 y la nariz con joroba. 

          Odian el negro de sus capas, 
en sus noches, en sus dientes: 
en el fondo quieren verse
 Muchachitas blancanieves.

Poesías




Y se va la hormiga

Y se va la hormiga

llevándose un mar

llevando una coma

llevándose un punto final.

Hormiga que sale

del bosque de un libro

siempre vuelve a entrar.


Laura Devetach






En Montemar Silvia se preguntaba


Cuando se mira

un espejo

en otro espejo

¿cuál es el espejo

que se mira

y qué ve un espejo

en el espejo

cuando el otro espejo

también lo está mirando?

Javier Villafañe


La pequeña Analía García

La pequeña Analía García,


caminando distraída, sin pensar


pisó un chicle por Pampa y la vía


y ya nunca se pudo despegar.



Pasaron las horas y los días.


Sus padres le llevaban de comer.


Pasaron las semanas y los meses.


Analía empezaba a crecer.


Terminó la primaria en calle.


Las maestras la ayudaban a estudiar.


Analía era linda y los muchachos


le decían piropos al pasar.


Tuvo un novio que allí la visitaba.


Se casó, pero no se despegaba.


Pasaron los meses y los años:


Analía empezaba a envejecer.


Andaría por los ochenta y pico,


cuando un nieto fue a verla con su hijo,


y el bisnieto, simpático, le dijo


después de mirarla un largo rato:


"Si querías despegarte, bisabuela,

¿por qué no te sacaste los zapatos?"


Ana María Shúa

Decimales - Oche Califa


¡Qué tranquilo va ese piojo
sobre el lomo del león!
Tiene aplomo y decisión
al prenderse como abrojo!
Es gran domador, pero ¡ojo!,
que si el felino se enoja,
su sangre se vuelve roja
y ruge que es un contento.
¡Y entonces sí, lo lamento,
porque la cosa se empioja!



¡Dónde se ha visto que un pato
vuele mejor que un halcón!
Pero hubo un pato chiflón
que cual deportista nato
se esforzó en todos sus ratos
hasta estar bien entrenado
Desafió al campeón alado
a una carrera de aliento
y con ayuda del viento
el pato salió empatado

A la sombra de un cerezo
se reencontraron dos pavas.
se dieron, tan finas damas,
a su manera dos besos
y empezaron, pan y queso,
una charla prolongada.
Hicieron una ensalada
de chismes y habladurías
que fueron, como diría,
pavadas, puras pavadas.


Una mosca muy ladina
se metió en un restorán
tras el aroma de un flan
que venía de la cocina
Y, como usted se imagina,
anduvo de plato en plato,
defendiéndose a lo gato
de manotazos y palmas
Y después pidió con calma:
"Por favor, mozo, un moscato"



Cayeron al mediodía
a la casa de una avispa
dos bichos ojos de chispa
vendiendo mil chucherías.
“¡Mire qué mercadería!
¡La traemos importada!”
Mas la avispa, desconfiada,
se plantó que no y que no,
y uno al otro murmuró:
“Esta avispa... esta avispada”. 


Un baile de ambiente chato
en la selva discurría.
Ni jarana, ni alegría,
según recuerda el relato.
Dijo un cuervo: “Ya hace rato
que no hay ocasión de nada”.
En eso, de una enramada
se descolgaron tres monos
y al baile le dieron tono
porque eran una monada.

Herrera -Adela Basch


En casa de herrera, cuchilla de pala.
En casa de pistolero, revólver sin bala.
En casa de dentista, caries a la vista. 
En casa de modista, nunca hay ropa lista. 
En casa de peluquero, nadie se corta el pelo. 
En casa de cocinera, comida comprada afuera. 
En casa de adivino, nadie sabe su destino. 
En casa de pedicuro, callos demasiado duros. 
En casa de cirujano, nadie permanece sano. 
En casa de pintor, siempre falta color. 
En casa de sastre, el traje es un desastre. 
En casa de banquero, ausencia de dinero. 
En casa de profesor, la ortografía da horror. 
En casa de joyero, orejas sin aro. 
En casa de herrero, cuchillo de palo.